No digas quizás



Mi, me, conmigo

No soy tan aventurera como me habría gustado. Aunque la primera vez que me fugué de casa aún estaba en el jardín de infancia .... 

Soy de las que admira con la boca abierta a esas personas que un día lo dejan todo para perseguir su sueño. Conocerlas me revuelve y me deja postrada en la cama con un insomnio que aprovecho para hacer recuento de lo que me queda por hacer. Sí, un día cogí una maleta enorme y la llené de libros y material escolar y me fui a África a poner caras y hacer real aquel "mi sueño de África". Cierto ... lo hice. No está tan mal .... me digo.

No puedo evitar volverme blandita con algunas escenas de amor, suspirar y anhelarlo en medio de un vacío que en ocasiones duele. Yo, a mi edad, la que iba de dura y a la que los amigos llamaban con cariño la "inromántica". Pero, cuando eso ocurre, con el corazón encogido cojo aire y cierro los ojos y pienso en todas las tonterías preciosas que hice en la vida por amor. Y las que me quedan por cometer. He amado, me han amado, he creído tocar el cielo y he aprendido que puedo caer y levantarme de nuevo. 

Delante del espejo de mi habitación he querido ser cantante, actriz, diseñadora, voluntaria en África, fotógrafa, escribir un libro, viajar sin conocer el destino ... y yo, que soy de esas personas a las que la palabra pereza les parece casi un insulto, me auto castigo a menudo recordando todo lo que no hice, todo lo que me gustaría hacer, todo lo que podría haber hecho ... tendemos a compararnos, a flagelarnos por no ser lo suficientemente valientes, insensatos o decididos. 

Pues no, ya no me flagelo, ahora aprendo. Y lo hago de cada insensato que se lanza a vivir su sueño, de cada valiente que arriesga, de cada persona que saca tiempo de donde no lo hay para construir y perseguir una idea, su idea. Cambio los "quizá lo haga" por los "voy a hacerlo". 

Hago. 
Avanzo.

Y en ese aprendizaje, me he dado cuenta de cuánto tiempo perdemos lamentándonos, y cuánto tiempo ganamos usando el aprendizaje. Así que aquí estoy, sacando tiempo de donde no hay para poner en marcha proyectos que me ilusionan, mirando calendarios para volver a África, construyendo día a día mis sueños, rodeándome de personas que enseñan, soñando despierta, dispuesta a amar, a estar atenta a ese momento en el que ya tenga dominado el tema del desapego y vuele donde mis alas me lleven. 

Mientras tanto, reiré, lloraré, sufriré desengaños, pasaré noches de insomnio garabateando cuadernos, amaré de nuevo, abrazaré, me emocionaré hasta llorar de felicidad, sentiré miedo, soledad y vértigo ante lo que está por venir. Sí, haré todo eso y mucho más. Porque la palabra pereza no está en mi vocabulario vital. Y sobre todo, porque es mi elección. 

Soy una noria emocional. Cambio. Aprendo. Crezco. Y se me quedará corta la vida para hacer todo lo que sueño con hacer. 


(... ...)

6 comentarios:

  1. Te acompaño de lejos, guapa!!!

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    1. Preciosa, tú cerca que me apetece achucharte. Muuuuak

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  2. JO que boonito... me has hecho emocionarme Carmen... y puede que quizás lleves dentro de ti a una cantante, a una diseñadora, a una escritora con un destino por conocer y al que hacerle muchas fotos.
    Me gustan las personas que se atreven a vivir, con también todo el daño que conlleva PORQUE a veces, esta puta vida es la leche.

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    1. María, gracias por tus palabras, son preciosas y también emocionan. No sé si soy la más valiente, de hecho no, no lo soy, pero ni cobarde ni perezosa ... y sé que me dejaré cosas por hacer pero las más importantes que quise las estoy haciendo y no he parado ni pararé .... muuuuuuuuuuuuak

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  3. Aprender, gozar, soñar, no es cuestión de kilómetros. Yo escribí en la estatua del desterrado "No volveré jamás", al año siguiente lo borré. Y ahora estoy mucho más lejos, ya no tengo una razón para volver, nada que borrar.
    Un bsazo

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    1. No, nunca es cuestión de kilómetros. En mi caso el aprendizaje lo mido en emociones vividas.
      Gracias por tus palabras que dejan pensando

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