La fragilidad de los días insomnes




Los días insomnes tienen un color diferente, algo parecido a un amanecer tímido en un día nublado, sin fuerza ni contraste. Se diferencian del resto de días por su fragilidad. Cualquier nota más alta, un sonido brusco, una palabra mal dicha o una torpeza insignificante pueden quebrarte ... y es tan difícil recobrar el equilibrio en estos días casi grises ...

En estos días selecciono las palabras que revuelven mi cabeza y trato de contenerlas. Leo más, me alío con la manta del sofá, miro por la ventana y suspiro más de lo permitido. 

Los días insomnes son para mimarlos y mimarse.

Los días insomnes tienen una delicadeza que a mí me parece visualmente mágica. Y frágil.






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El instante

¿Y si resulta que sólo estamos de paso?

Tanto preocuparnos por lo que no hicimos, lo que nos salió mal, tantas vueltas a aquel desamor, tantas horas perdidas en lamentos y en reproches por un pasado que creímos que era nuestro. 

¿Y si resulta que sólo es un instante?

Miedo a no llegar, miedo a quedarnos a mitad de camino. Dudas. Los horizontes nos acercan o alejan de lo que creemos que está por llegar. 

Construimos castillos en el aire, para que no echen raíces. Porque entonces tendríamos que regarlos y nos recordarían que están, que son. Y ese ser y estar es hoy, es ya.

¿Y si resulta que el instante es ahora?

Perdemos tanto tiempo lamentando o celebrando el pasado e imaginando o temiendo el futuro que nos estamos olvidando del ahora. Y ese momento está en la piel, en la mirada que se cruza ahora mismo con la tuya, en ese abrazo que solo cuesta alargar el brazo para darlo, en apagar el móvil y ver una peli a medias, está en la siesta, en la cena, en un orgasmo a media noche, en un paseo en coche, en ese libro que espera en la mesilla, en colarse en su ducha, en pedir perdón, en cerrar los ojos y escuchar la música sin prisa, está en ti, en él.

¿Y si resulta que se nos pasa el instante y no nos dimos cuenta?










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Malabares




¿Cuándo fue la última vez que te permitiste hacer malabares con tu vida?

.. dale al play ...




Y no hablo de soñar desde la comodidad de tu sofá con una vida más salvaje, con aventuras y un cambio en tu rutina. Hablo de girar la bola del mundo de tu propio mundo. 

¿Cuándo fue la última vez que dejaste que el corazón se te subiera a la cabeza?

Observar mientras el mundo gira te ofrece unas vistas únicas, sí. Pero girar a la vez que el mundo te da las riendas de tu verdadera vida. La que se queda dentro, la que sientes cuando un día, en mitad de un concierto cierras los ojos y sientes una mano en tu cuello y piensas ... "es real, ya no es parte de un deseo o fantasía". La vida que se siente cuando relees un libro y recuperas una frase subrayada y asientes feliz ... "sí, yo también lo hice".



El mundo gira, y ese giro produce vértigo. Y cada mañana tienes la opción de subirte a esa noria que es la vida o contemplarla desde un banco del parque. Las dos opciones son buenas, pero sólo una te revuelve el pelo. 


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Comenzando el otoño número 47




Gracias Oscar García por acompañarme bajo la lluvia


Yo no cumplo "primaveras", mi ritmo vital se mide en otoños.

Por eso quizá elegí el día de más frío y con lluvia y niebla como telón de fondo para desnudarme y mostrarme. A medias pero transparente, como soy, como me siento.

Yo comienzo los otoños cuando quiero. También eso lo aprendí escuchándome sin filtros. Será la edad, será que los años dan pereza o te ayudan a centrarte en aquello que de verdad importa. Y eso es "el presente", "el ahora". Y no hay nada que te frene cuando caminas con la mirada puesta en tu propio horizonte. Sólo el tuyo.

Hay una cifra que me da vértigo y tengo que poder con ella, me quedan tres años para hacerle frente. Allá voy, aquí estoy. Porque he llegado a una edad en la que todas las letras de canciones me recuerdan a Sabina. A esa edad en la que ya no pierdo las noches soñando lo que quiero hacer, lo hago. Atrás voy dejando lo que pesa, los años te piden andar ligera. Cada vez necesito menos espacio para encontrarme y hacer de ello un hogar. Cada detalle es un microcosmos, cada sonido lo retengo, cada amanecer es una oportunidad.

Entre libros y vistas a las montañas, he sentido como me hacía mayor. Y he sonreído, al espejo, a las arrugas, a los kilos y a las canas. Y he recordado que llevaba la maleta llena de abrazos y mensajes llenos de amor, del de verdad, del que te llena los ojos de agradecimiento. La generosidad también está ahí, en valorarlos. Doy gracias porque me envolví con ellos en las noches de frío.

Ha comenzado mi otoño número 47 y llega cargado de ganas, de miedos, de dudas, de inseguridad ... y eso es mi fuerza y alimenta esas ganas.

Cada día cierro más los ojos, y es así donde más imágenes encuentro. No siento que esté acumulando, siento que estoy seleccionado y en la rampa que me lleva a un mundo enorme por conquistar.

Yo no cumplo primaveras, cumplo lluvia y días de niebla, cumplo mis sueños.

Y siento, echando la vista atrás, que lo más valiente que hice en la vida es dejar de tener Plan B.
El plan A, el PLAN, me da alas.

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Soy viajera de tren con asiento en ventanilla



Escojo rincones donde nadie me encuentre y me permita observar sin ser vista. Me atrapa esa sensación de viajera de tren con asiento en ventanilla. El placer de inventar el argumento de las historias que pasan frente a mis ojos. 

Sueño con colarme en portales antiguos, en cocinas con olor a vida y a pan caliente, en bibliotecas y despachos de aquellos que crujen al pisar. 

Escojo rincones donde nadie me encuentre, pero a ti te mando señales de humo para que me acompañes. Ese es el resumen de mi vida actual.














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Voy a elegir melancolía ...



Me pregunto si será melancolía, miedo, cansancio mental o, simplemente, que mi cabeza funciona a más revoluciones de lo que soy capaz de asimilar. 

Voy a elegir melancolía, por su belleza. Es como los días de niebla, que a muchos molestan pero a mí me envuelven e inspiran. Voy a elegir subirme a la noria emocional y tomar algo para el dolor de cabeza que me espera. 

De momento, he parado todo, he salido a dar un paseo por el río, he comprado flores 
y huele otra vez a café.

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Dormir a sonrisa suelta


Desde que estamos juntos y compartimos almohada, duermo a sonrisa suelta.





... el mapa de tu cuerpo se ha tatuado en mi almohada ...



... mi mirada es el eco de la tuya ... 


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