Un tranvía llamado deseo


Un tranvía llamado amor


Nos conocimos en ese periodo de la vida que transcurre entre las sensaciones de mariposas en el estómago y el desánimo emocional por agotamiento. 

Ni tú buscabas una Vivien Leigh, ni a mí me ponían ya los tipos que se lo jugaban todo a una partida de póquer. Con los pies más cerca del suelo que de las nubes con forma de corazón, buscábamos emociones a la vuelta de la esquina, perdernos entre calles desconocidas, repetirnos, entre risas, que teníamos que volver, aunque supiéramos que eso no iba a suceder jamás. Porque de cada ciudad nueva hacíamos nuestro lugar preferido del mundo. Los más respetables antros fueron testigos de aquellas noches eternas. Hacíamos hogar en hostales con nombres que evocaban a las juergas más canallas de Toulouse Lautrec. Anotábamos, en aquel mapa descolorido que colgamos con chinchetas en un corcho, cada una de las ciudades que nos regalaron un atardecer, un descubrimiento o simplemente una borrachera descalzos y sin reloj. Ese pequeño mural se convirtió, con el tiempo, en el más exacto resumen de nuestra vida juntos.


Nuestra maleta representaba, a pequeña escala, el caos armónico de lo que eramos. Tus camisas abrazaban mi ropa interior y facturábamos así nuestra intimidad, sin reparos, sin importar cuál sería el próximo destino, ni siquiera pensábamos si lo habría ...

Ahora, echo la vista atrás y me pregunto ¿en qué momento comenzamos a caminar en línea recta sin dejar de mirar los mapas? ¿Quién fue el primero que cambió un atardecer por un desayuno en la cafetería del hotel? ¿Por qué nadie reemplazó las chinchetas del mapa cuando se despegó del corcho?

No tenemos culpables. Igual que no tenemos espacios comunes. Uno tomó la vía del norte y yo me quedé girando el mapa en busca de nuevos destinos. Es la vida, me dijiste en la última llamada. Son etapas, leí en un libro. 

Y digo yo, qué más da lo que sea. A mí lo que me ocurre, es que he aprendido a llenar el hueco vacío de mi maleta, aunque no me guste y quiero volver a subirme a un tranvía sin rumbo y de la mano ... 


(... ...)





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